COPA CONFEDERACIONES 2013 UNA HISTORIA DETRÁS DEL FÚTBOL

COPA CONFEDERACIONES 2013 UNA HISTORIA DETRÁS DEL FÚTBOL

Director   autor

Por S. Gibram Martínez Fuentes

 @SGibramtz

 

Brasil y su Copa de las Confederaciones nos mostró una cara que para muchos de nosotros era desconocida, la cara de la realidad que vive a diario el pueblo brasileño. Aprendimos que Brasil  es mucho más que soccer y que cómo dijo un célebre analista deportivo: «El futbol simplemente es la cosa más importante entre las cosas menos importantes».

A poco menos de un año del Mundial de Fútbol y tomando en consideración la trascendencia social y cultural que tiene este deporte en Brasil, la Copa de las Confederaciones de la FIFA significaba una prueba importante para el “Gigante de Sudamérica”. El éxito o el fracaso de la misma daría un parámetro para medir la capacidad y eficacia del pueblo carioca para recibir dos de los eventos globales más importantes de nuestro tiempo: el Mundial 2014 y los Juegos Olímpicos 2016.

Como un ejercicio etnográfico decidimos trasladarnos a Brasil para presenciar el segundo torneo más importante a nivel de selecciones como aficionados y así conocer un poco del entorno socio-cultural carioca. Visitamos dos de las ciudades más emblemáticas e importantes de Brasil: Sao Paulo y Río de Janeiro; y vivimos de cerca toda la pasión del fútbol pero también la problemática social que acompañó al evento.

Debemos reconocer que al escuchar Brasil -a priori- se nos viene a la mente fútbol, samba y carnaval, pero al estar allí te das cuenta que es mucho más que eso… también es cultura, música, carisma, religión, deporte -mucho deporte y de todo tipo-. Pero también como en todos los países de Latinoamérica tienen carencias y necesidades que para un gran sector de la población son una prioridad por encima del esparcimiento que les ofrece “el deporte más popular del mundo”.

 

El origen de la problemática

Las protestas y manifestaciones en las principales ciudades del país tienen un trasfondo político-social que no se limita al incremento en tarifas del transporte público. Esto es una acumulación de situaciones que se podrían resumir en los siguientes puntos: inflación y desempleo, -ambos a la alza-, incremento de la corrupción y delincuencia en los últimos años, salarios altos a políticos, costo excesivo de la infraestructura (de los estadios principalmente) e impuestos elevados.

Los dos últimos puntos (costo excesivo de la infraestructura e impuestos elevados), son muy importantes y están íntimamente ligados pues algunos sectores de la sociedad brasileña están convencidos que estos gastos generados por la construcción de una infraestructura adecuada para albergar a estos importantes eventos,  están siendo “cargados” al pueblo.

En el tema de los impuestos, en México vivimos algo similar en los 60´s con el Impuesto a la Tenencia o Uso de Vehículos, el cual surgió para financiar los Juegos Olímpicos 1968, mismo que supuestamente era de carácter temporal y que a la postre se convirtiera en una de las modalidades más efectivas y lucrativas para la recaudación de impuestos por 50 años en nuestro país. Al parecer los brasileños no quieren que les suceda algo similar.

Si hacemos una pequeña comparación en cuestión de  impuestos federales entre México y Brasil, en tierras amazónicas pagan un porcentaje considerablemente más alto en varios productos y servicios. Lo que nosotros tenemos cómo IVA (Impuesto al Valor Agregado) su similar en Brasil se conoce como: Imposto sobre produtos industrializados (Impuesto sobre productos industrializados) y su porcentaje depende del tipo de producto. Para productos importados es de 35% y para autos importados del 35% al 65% dependiendo de la potencia del motor, lo cual si lo comparamos con el 16% máximo que tenemos en nuestro país nos da una idea de las diferencias y nos puede contextualizar un poco mejor sobre lo que se vive en Brasil.

 

Entorno: Fiesta vs Protestas

En Brasil vivimos algunas experiencias inolvidables, en donde algunas de ellas podrían ser consideradas para muchos turistas como “no gratas”, pero que para el ejercicio periodístico resultan enriquecedoras… vivir en carne propia la realidad y la problemática de un país que pide y exige más que 90 minutos de diversión.

Desde nuestra llegada a Sao Paolo hicimos un recorrido típico de turista al visitar en el poco tiempo que teníamos los puntos emblemáticos de la ciudad, como el Museo del Fútbol (Museu do Futebol) en el estadio Pacaembú donde juega el popular Corinthians y pudimos constatar la importancia que se le da a este deporte; visitamos también el parque de do Ibirapuera que es el más importante y conocido, considerado el pulmón verde de la ciudad, ahí nos dimos cuenta de la cultura deportiva que existe en la ciudad y de la gran cantidad de personas que se dan cita en este lugar con el objetivo de mantenerse en forma. Por último la Catedral da Sé, uno de los cinco templos góticos más grandes del mundo dedicada a la Asunción de María, notable evidencia de la importancia que tiene la religión para el pueblo brasileño… allí mismo también nos tocó ver la primera “manifestación” pacífica de nuestro viaje, era de un grupo feminista protestando frente a dicha catedral.

Después de  esta breve visita de un par de días a Sao Paulo partimos a Rio de Janeiro a vivir de cerca la pasión del fútbol y todo el entorno que envuelve a este deporte. El ambiente sería totalmente diferente, la calidez de una ciudad que sí era sede de la Confederaciones, se notaba con la indiferencia de otra que no lo era.

Ya en Río de Janeiro, la ciudad no estuvo al margen de las protestas, las afueras del mítico Maracaná después de cada partido, fueron el escenario perfecto para que miles, incluso millones de personas encontraran un pretexto ideal para expresarse y dar a conocer su postura respecto a este tipo de eventos. Los asistentes a estas manifestaciones eran de diversos sectores sociales, y una constante fue ver allí a mucha población joven.

El día de nuestro regreso a México, nos tocó “sufrir” las consecuencias de la histórica manifestación que se dio cita en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional Guarulhos. Estuvimos más de 3 horas atascados en el tráfico y tuvimos que recurrir al “plan b” de caminar, incluso correr (con maletas incluidas) alrededor de 5 kilómetros para poder acceder al aeropuerto, en este trayecto nos encontramos con varios viajeros cuya encomienda era la misma que la nuestra: no perder el vuelo.

En nuestra travesía encontramos también manifestantes y tuvimos un desafortunado momento en el cual la policía tratando de disipar a un grupo de activistas,  lanzó de manera indiscriminada gases lacrimógenos, los cuales nos afectaron a todos los “colaterales” en este caso los viajeros, pero afortunadamente después de muchos kilómetros recorridos y un toque de suerte el incidente sólo quedó para el anecdotario, y sin mayores problemas pudimos regresar (con un retraso de tres horas) en nuestro vuelo programado.

En contraste con todo lo extradeportivo, el ambiente dentro y fuera de los estadios era inmejorable, una sociedad “culta” en cuestiones futbolísticas, conocedora y apasionada, que apoyó a todos los participantes en la Copa, buscando simplemente el jogo bonito.

En los partidos que asistimos pudimos ver cómo de pronto los brasileños se transformaban en personajes mexicanos populares como: el Chavo del 8, el Chapulín Colorado, mariachis y otros,  haciendo alusión a México pero también en Mario y Luigi (en un intento de representar a Italia). Cuando tocó el turno de España y Tahití la torcida brasileña se volcó hacia los campeones de Oceanía,  aun cuando perdieron por marcador de 10 goles a 0.

Si de calificar a la afición brasileña se trata sin duda se llevarían la nota más alta del evento, pues llenaron los estadios, siempre siendo un público conocedor, entregado y respetuoso, valores que en el deporte son fundamentales y plausibles.

 

Desarrollo del evento: logística,  organización y partidos

A nivel de logística y organización, se notaron las carencias de la “célebre improvisación latina” que salieron a relucir en este “ensayo” de la Copa del Mundo próxima. Jugadores de selecciones participantes cómo Uruguay y España se quejaron por la mala organización del evento y ya ni hablar de nosotros que fuimos como aficionados.

En los dos partidos a los que tuvimos la oportunidad de asistir: México vs Italia y España vs Tahití (ambos cotejos en el Maracaná), la desinformación asomó en demasía y al menos detectamos dos situaciones inquietantes: 1. Falta de dominio de otro idioma adicional al portugués por parte del staff y personal de apoyo, lo cual en un evento internacional es inaceptable y 2. Mala señalización y desconocimiento de los puntos más importantes dentro y fuera del estadio.

También es bueno mencionar lo positivo y a nivel de infraestructura, de comunicaciones y de transportación, los avances de “Río” son significativos. En la Confederaciones hubo una gestión adecuada en esos puntos, y si siguen esta senda de forma progresiva en las otras sedes  (aunada a las mejoras que están en puerta), no hay duda de que en ese aspecto sí cumplirán con la expectativas de los próximos compromisos.

 

¿Listos para lo que viene?

Después de conocer un poco más de este pueblo apasionado,  entregado al deporte y a su religión, no queda más que ser optimistas y esperar que las aguas tomen su cauce, al final los negocios deberán marchar de acuerdo a lo que un entorno globalizado exige, y las soluciones tendrán que venir del gobierno brasileño o de la iniciativa privada (para atender las demandas), y pues “el show debe de continuar”.

El Mundial, está a la vuelta de la esquina y si Brasil logra encausar todas esas energías (que han derivado en protestas multitudinarias) en soluciones proactivas generando así una sinergia entre el Gobierno y el pueblo, sin duda tienen las aptitudes, pero sobre todo las actitudes necesarias para hacer de este evento algo memorable.

Obrigado Brasil, nos vemos pronto…

 

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