EL COLUMPIO

Para la equidad social

 

Por: Miguel Hernández

Gm-hernandez@live.com

 

La ética de que hablo es la que se sabe afrontada en la manifestación discriminatoria de raza, género, clase. Es por esta ética inseparable de la práctica educativa, no importa si trabajamos con niños, jóvenes o adultos, por la que debemos luchar.  Paulo Freire

 

Hablar de la realidad no es cosa fácil, pues influyen muchas circunstancias que afectan las sub-realidades de los individuos que también forman parte de la realidad de la que se intenta hablar. Es como intentar creer erróneamente que cuando se habla acerca de deportes sólo deba pensarse en fútbol y de la selección nacional. Así pues, creer que podemos hablar del mundo olvidándonos  de su dependencia al cosmos es tan falaz como pensar que podemos hablar de este sin dar razón de sus particularidades biológicas y humanas, es decir, el universo es más de lo que podríamos apercibir.

Mucho me cuesta en la actualidad poder expresarme de manera correcta, siempre intentando no ser irreverente u ofensivo con el interlocutor expectante y circundante de mis líneas; siempre es para mí un placer poder venir a este foro que decoro de manera sencilla y poco redundante con mis lamentos, gemidos y quejas emocionales, tan sólo se debe comprender de este servidor que nunca busca alterar la tranquilidad del prójimo con algunos de sus axiomas. Siempre he podido hablar de todo lo que me incomoda  tanto como lo que me genera agrado, empero, son más tópicos que me provocan intranquilidad, como tal es el caso de: la justicia, la ética, la moral, los prejuicios y toda la inmundicia humana, pero, ¿qué tal cuando el momento de venir aquí no es con ese afán? Esta vez cambiamos el patrón, hoy llegamos con el agrado de hablar de las cosas buenas que hacen algunas personas por mejorar. La dualidad de los valores y vicios coexiste con las sociedades, y que existan personas que buscan alternativas de integración y armonía civil es un bálsamo para el alma en estos tiempos.

Así pues, hace unos días pude ser testigo de un acto de esta envergadura a la que aludo, justo paseaba por unos de los tantos parques descuidados, pero bellos parques de esta ciudad, cuando de pronto me percate que estaban tirando los viejos columpios y demás juegos infantiles que decoraban el lugar, de primera instancia me molesté al darme cuenta del hecho, pues pensé que se trataba de uno más de los aprovechamientos de los gobiernos para acaparar los espacios públicos con fines de lucro. Me imaginaba ya la construcción de una cooperativa o algún otra obra que implicara un abuso del sistema. Cuando al día siguiente pasé por mi ruta que atraviesa aquel hermoso parque pude percatarme de nuevo que mis sospechas eran ciertas, ¿dónde fue mi sorpresa? al notar que la obra en curso implicaba una ampliación de la zona infantil dedica a los juegos y recreación. Entonces me dije a mi mismo: “mi mismo, debes aprender a no ser tan desconfiado”          -pues siempre estoy queriendo encontrar tres pies al gato-
comencé a creer que seguro dicha obra se efectuaba con fines doble moralistas y políticos,  como se dice de forma popular “para taparle el ojo al macho”, no obstante y siguiendo recibiendo mi buen merecido y una callada de boca, más  fue mi sorpresa cuando al tercer día de obras descubrí que colocaban infraestructura dedicada a los adultos del mañana.  Finalmente, quedé anonadado cuando voy descubriendo que los juegos que estaban siendo colocados con el fin de integrar a la gente discapacitada a la sociedad.

No podía creer que un sector tan vulnerable y marginado, pudiera tener una mínima muestra de respeto al colocar columpios, juegos de “sube y baja” y unos pasamanos, todos especialmente diseñados para personas con capacidades distintas. Entonces fue muy complicado no emocionarme al respecto. Pensaba que alguien muy humano y sensible era el encargado de tal gestión. Sin embargo, aun sin saber quién o quiénes fueron los responsables de tal propuesta e iniciativa, pero comencé a percibir sentimientos encontrados cuando mientras contemplaba como personas “normales” sanas en sus aptitudes y plena vitalidad se acercaban emocionados por la novedad de estos artefactos en el sitio mencionado dedicado a los niños. Cegados por la emoción y la novedad las personas suelen perder el juicio, pues, sin importar que el sitio es muy claro al señalar que son de uso exclusivo para personas con discapacidades diferentes, muchos ignoran este motivo y usan estos juegos nuevos de forma deliberada. Sabiendo de mi espíritu rebelde y crítico me acerque a un padre de familia que jugaba con su hija aparentemente muy saludable, le preguntaba acerca de los motivos por los que hacía uso de los juegos destinados a ser utilizado por las personas con dificultades motrices, el padre de familia parecía no comprender nada de lo que hablaba este servidor, luego me contesto: “La verdad están muy bonitos, mi hija prefirió estos nuevos a jugar en los columpios de siempre”, después de esa respuesta fue difícil no sentir impotencia, solo abrí mi boca y gesticule palabras de nuevo sólo para decir: “¿Usted cree bonito la idea de concebir a su hija actualmente sana,  arraigada a una silla de ruedas o tener que depender de muletas para su traslado y que los juegos que están destinados para que personas con capacidades distintas no puedan hacer uso de ellos porque gente que no tiene conciencia de lo humano opten jugar con lo no les corresponde? Son como las rampas para discapacitados que son bloqueados por automovilistas inhumanos, no sea miembro de los padres irresponsables por no inculcar valores éticos en los adultos del mañana, por el contrario nos puede garantizar más deshumanización en un futuro”.  Acto seguido, seguí mi camino esperando haber tocado la sensibilidad de aquel padre, que lo único que quiso fue complacer los caprichos de su hija irreverente. Aquel hombre prefirió solventar aquel capricho por no verse en la dura prueba de poner al máximo su paternidad y hablarle a su hija del respeto ajeno.

Espero no haber sido tan duro como para ofenderle, mi principal motivo era dejar en claro que siempre hay alguien que nos observa y que es responsabilidad social opinar de forma respetuosa y con argumentos válidos lo que se da, pues la colectividad nos afecta a todos. Que nuestra sociedad vida desvalorizada afecta todos los estratos y nos rezaga como nación. Pues, solventar conductas conformistas de aquel tipo provocaría mayor apatía y fortalece el individualismo. Como decir “De que lloren en mi casa, que lloren en la suya”, así, ya sin más, simplemente digo: El egoísmo no es lo mismo que la egolatría, debemos ser egoístas para poder ser altruistas; más si somos ególatras, jamás habrá lugar para pensar en la otredad.

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