QUÉ NOS DEJÓ LA 11VA. EDICIÓN DEL FICM (EDITORIAL)

QUÉ NOS DEJÓ LA 11VA. EDICIÓN DEL FICM (EDITORIAL)

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Por Marco A. Stivalet Pensado

Editorial Noviembre 2013

 

Sin duda el Festival Internacional de Cine de Morelia es el más importante del país, no sólo por su selección de películas y realizadores, sino también porque es un festival cercano a la gente, que permanece abierto al público y que toca fibras sensibles en la sociedad, tanto en lo local como en lo global, y eso siempre va generar reflexión sobre la importancia que tienen las artes (el cine en este caso) en la transmisión de mensajes para hacer conciencia sobre cualquier problemática social en cualquier parte del mundo.

De los filmes galardonados tenemos a Workers de José Luis Valle (ganadora del Premio al  Mejor Largometraje Mexicano), un claro ejemplo de las ópticas –y realidades– distantes entre las clases sociales de este país; en este largometraje se retrata una realidad por duplicado, situados en Tijuana, nos presenta a un grupo de trabajadores domésticos quienes al morir su patrona, se quedan “al servicio” de una perrita de nombre “Princesa”. Casi por inercia continúan con sus labores habituales brindando los obsesivos cuidados que tenían con el animal como si la dueña siguiera allí presente, sin embargo, el velo se va cayendo y muy pronto se enfrentan al dilema de seguir con los caprichos de la difunta o mejor terminar con la vida de la Princesa para cobrar la herencia que les corresponde y así iniciar una vida más digna… mientras esta trama se desarrolla, Valle nos muestra la vida de Rafael, un personaje que encarna a un indocumentado, quien después de trabajar 30 años en una fábrica de focos, le es negada su jubilación por su condición ilegal en el país y se ve forzado a trabajar 10 años más, durante los cuales se dedica a realizar pequeños sabotajes dentro de la planta siendo esta labor la que le facilita su salida triunfal de la empresa, a regañadientes otorgada por el gerente, a quien sólo le queda un fútil consuelo de hacer salir a Rafael “de inmediato y por la puerta de atrás”.

Otro largometraje multipremiado fue La Jaula de Oro de Diego Quemada-Diez (ganadora del Premio del Público, el Premio Guerrero de la Prensa y a su vez del Premio al Mejor Primer o Segundo Largometraje Mexicano) que nos cuenta la historia de unos jóvenes migrantes Guatemaltecos y un joven indígena tzotzil en su viaje a los Estados Unidos. La película muestra de forma explícita la violencia cotidiana que viven las personas que intentan migrar al país norteamericano. En este filme el director contrató –a excepción de los protagonistas– a verdaderos migrantes para trabajar en con él y también hace evidente la labor humanitaria que ha hecho el padre Alejandro Solalinde, un sacerdote católico mexicano defensor de los derechos humanos de los migrantes, coordinador de la Pastoral de Movilidad Humana Pacífico Sur del Episcopado Mexicano y director del albergue “Hermanos en el Camino” que proporciona asistencia humanitaria e integral además de orientación a los migrantes de Centro y Sudamérica, en su paso a Estados Unidos de Norteamérica. Esta película ya venía galardonada con el A Certain Talent Prize, 2013 del Festival de Cannes, lo cual habla de la calidad de los trabajos presentados en esta edición del Morelia Filmfest.

Y qué decir del documental “Rosario” de Shula Erenberg el cual retrata la vida de Rosario Ibarra de Piedra y su lucha incansable por alcanzar la verdad sobre la desaparición de su hijo. Aquí se tocan fibras muy sensibles pues es una historia muy íntima sobre una mujer que sufrió la desaparición de su hijo a manos del Estado y ese hecho cambió su vida para siempre… transformándola en una incansable luchadora dedicada a la defensa de los derechos humanos en México. Si bien este documental mostró un perfil bastante bajo, nos parece justo mencionar que hablamos de la vida y lucha de una persona ejemplar, que llegó a ser candidata a la Presidencia de México en dos ocasiones, Senadora del Senado de México y candidata al Premio Nobel de la Paz en los años de 1986, 1987, 1989 y 2006.

Para un medio humanista como Habitante pienso que haber podido presenciar todas estas historias –junto con muchas otras que no mencionamos aquí– en un ambiente tan cordial y franco, nos deja en claro que la sociedad michoacana es una sociedad global, que busca expresarse y dejar que otros se expresen libremente en su Festival, y más allá de cualquier tipo de barrera, queda claro que la apuesta va en serio por el fomento a la cultura y el respeto a la libertad de expresión en la capital michoacana.

¡Enhorabuena! y que venga el doce.

 

Mira nuestro video del evento:

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