ESTELA DE CARLOTTO SE SOLIDARIZA CON FAMILIARES DE NORMALISTAS DESAPARECIDOS

ESTELA DE CARLOTTO SE SOLIDARIZA CON FAMILIARES DE NORMALISTAS DESAPARECIDOS

 

“Tenemos la obligación moral de acompañar a los padres de Ayotzinapa”: Estela de Carlotto

La presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo reiteró su solidaridad con los familiares de los desaparecidos. Durante su presencia en la FIL se encontró con Rafael López, padre de uno de los normalistas

Cuando Estela de Carlotto se enteró del caso de los normalistas desaparecidos en Iguala, Guerrero, de inmediato tuvo una regresión al pasado. Recordó cómo en los años setenta, durante la dictadura en Argentina, su hija Laura fue desaparecida por ser opositora al régimen. Cuando la recuperó, le entregaron un cadáver y le dijeron que había muerto en un enfrentamiento. Recordó también cuando, en 1985, cuando el recién formado equipo de forenses argentinos exhumó el cuerpo de su hija y entonces supo, por las marcas en la pelvis, que había estado embarazada; supo, por lo deteriorado de la dentadura, que estuvo presa durante un tiempo; supo, por las heridas de bala en la cabeza, que la habían asesinado de rodillas, por la espalda: tenía el tiro de gracia. Fue entonces que inició la búsqueda de su nieto, Guido, a quien encontró recién, el 5 de agosto de este año. Por toda esta historia, por toda esta lucha, Estela de Carlotto asegura tener “la obligación moral y sentimental de acompañar a los padres, a los jóvenes [de Ayotzinapa] en algo tan tremendo”

          Estela de Carlotto es la actual presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo, grupo argentino que busca a los nietos que les fueron arrebatados cuando se llevaron a sus hijos. De aquella época, De Carlotto recuerda que, al principio, “no podía creer que hubiera todo un plan de desaparecer a todo aquel que se opusiera al plan económico”. No obstante, así era: familias enteras fueron desaparecidas. Los padres fueron asesinados y los hijos repartidos entre familias afines al Estado. Y sin embargo, a pesar de todo, también recuerda que en aquel entonces no tenía rabia, no tenía odio: simplemente no entendía qué había pasado. Y ahora, a la distancia, ya con su nieto identificado, tampoco siente rencor. Lo que si hay, dice, es “una necesidad enorme de que no se olvide la consigna ‘Nunca más’. Las Abuelas de Plaza de Mayo no le deseamos mal a nadie, pero estamos convencidas de que debe juzgarse a todos y que los que ya están presos no deben salir. Tenemos que confiar en la justicia porque, aunque sea lenta, llega”.

        La presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo está de visita en Guadalajara como parte de la delegación argentina en la Feria Internacional del Libro. Explica que espacios como la FIL son muy importantes porque la lectura, y la cultura en general, es fundamental para mejorar a la sociedad. Desde su experiencia como maestra afirma que “hay adolescentes que quieren ser parte del cambio. Entonces, tienen que estudiar, porque al que estudia no lo van a engañar tan fácilmente. Tienen que aprender a respetar”. De Carlotto sabe que México vive tiempos difíciles. Sabe que lo de Ayotzinapa es apenas un episodio de una sucesión de agravios. Y también sabe que no manuales para solucionar lo que vive el país. “No hay una receta, es diferente en cada país. Lo que sí les puedo aconsejar es que hagan cosas en común, que se unan. No hay que bajar los brazos ni creer todo lo que se diga hasta que no se tengan pruebas. Hay que tener confianza en el amor de estas familias, que tienen claro lo que quieren”.

          Una voz toma la palabra. Es Rafael López, padre de uno de los normalistas de Ayotzinapa. Viste una playera con el rostro de su hijo, Julio César López Patolzin. Debajo del rostro del joven y su nombre, un mensaje: “¡Hasta encontrarte!”. Don Rafael saluda a la señora Estela y le recuerda que se conocieron hace unos días, en la Ciudad de México. Después, comparte su mensaje: explica que el gobierno miente y que no está buscando a los muchachos; comparte su convicción de “los quieren dar por muertos a la fuerza para que nadie los acuse”; retoma las palabras del presidente Enrique Peña Nieto cuando hace llamados a la no violencia y cuestiona: “Como si lo que hicieron con nuestros hijos no fuera violencia”. Y luego, advierte: “Ahora nos tocó a nosotros, no queremos que les toque a otras escuelas, a otras familias. Nuestro delito fue mandar a nuestros niños a una normal rural porque no teníamos para pagar la normal privada”. Su rostro luce cansado y, al mismo tiempo, se ve fuerte. Habla con convicción. Agradece a la gente que los ayuda: la sociedad civil, los estudiantes. “Cuando me gritan ‘No están solos’ me dan fuerza, me transmiten energía”.

          Estela de Carlotto retoma la palabra. Reitera su solidaridad con esos padres porque, señala, son los hijos los que deben enterrar a sus padres, no al revés. “¿Cómo va a enfrentar un padre el dolor por la pérdida de un hijo, si es el que le dio la vida?”, pregunta. Y es así, con preguntas, como debe comenzar el proceso para salir de la situación. “Acá deben preguntarse qué pasó desde que empezó todo esto en el país. Estudiar cuándo comenzaron las desapariciones, cuándo empezó el narco, de dónde vienen las armas, quién se está beneficiando con todo esto”.

          Ayotzinapa es un episodio más en una cadena de tragedias en México, que incluyen a los 72 migrantes asesinados en Tamaulipas, los 300 desaparecidos en Coahuila, los feminicidios de Juárez. ¿Por qué el caso de los normalistas ha generado tantas reacciones fuera de México? Estela de Carlotto no sabe la respuesta. Aun así, esboza una explicación: “En la vida hay momentos de inflexión y el momento político que vivimos en el mundo es uno de ellos. Los chicos de Ayotzinapa son unos niños: no les pueden adjudicar nada, no los pueden hacer pasar por perversos o peligrosos. Lo que impacta tanto es que son unos niños a los que no dejaron vivir. ¿Por qué la sociedad ha reaccionado así? Eso ya lo estudiarán los sociólogos, los psicólogos”.

          La presidenta de las Abuelas de Plaza de Mayo añade que es una obligación del Estado explicar quiénes y por qué se llevaron a los muchachos. Y hace eco del reclamo: “Vivos se los llevaron y vivos los queremos. Tenemos que seguir buscándolos con vida hasta que nos demuestren lo contrario, pero con pruebas”. La señora Estela de Carlotto recibe un homenaje. Le entregan un ramo con 36 rosas, una por cada año que pasó desde que se llevaron a su hija y hasta que encontró a su nieto. Ella las recibe, sonríe, se toma fotos con todos los que se acercan. De Carlotto sonríe, sí, porque ya encontró a Guido.

 

 

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