LA SALA DE ARTE PÚBLICO SIQUEIROS INICIA SU PROGRAMA 2014

LA SALA DE ARTE PÚBLICO SIQUEIROS INICIA SU PROGRAMA 2014

 

 

 La Sala de Arte Público Siqueiros (SAPS) inicia su programa de exposiciones 2014 con dos artistas que desde sus respectivas generaciones han comprometido su trabajo con problemáticas inmediatas  de sus particulares contextos. En ambos casos, se trata de situaciones o acciones generadas desde la práctica artística, no replicables como experiencias, pero si como posibilidades de análisis. Con estas exposiciones la SAPS se une a una serie de proyectos de investigación encaminados a la recuperación de figuras históricas latinoamericanas como referentes clave para la práctica artística contemporánea.

 

Teresa Burga

Perfil de la mujer peruana (1980-1981)

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Teresa Burga (Iquitos, Perú, 1935) es una de las representantes de la renovación de la plástica peruana durante los años sesenta y setenta. Como parte del Grupo Arte Nuevo (1966-1968) y posteriormente desarrollando su práctica individual, fue una de las precursoras en el camino hacia la disolución del objeto artístico, incorporando procesos experimentales y nuevas estrategias creativas para producir un cuerpo de trabajo claramente conceptual.

El proyecto que presenta ahora en la SAPS consiste en la producción escultórica de un boceto que formó parte del proyecto Perfil de la mujer peruana, realizado en colaboración con la psicóloga peruana Marie-France Cathelat entre 1980-1981. El proyecto fue presentado originalmente en 1981 durante el I Coloquio de Arte No-Objetual y Arte Urbano del Museo de Arte Moderno de Medellín, Colombia; meses después, en una exposición en el Banco Continental de Lima, Perú; para finalmente editar un libro en donde se reúne la investigación completa a fines del mismo año. La recuperación de este proyecto busca revisitar un ejercicio de reflexión planteado desde la práctica artística ­­–en este caso analizando la condición femenina desde sus aspectos afectivos, psicológicos, sexuales, sociales, educativos, culturales, lingüísticos, religiosos, profesionales, económicos, políticos y jurídicos– como parte de la segunda ola del feminismo en Latinoamérica.

La realización del proyecto original contó con la colaboración de diversos especialistas, entidades estatales y empresas que apoyaron no sólo en la estructuración de la encuesta y sus resultados, sino en la logística requerida. Así pues se logró hacer efectiva la participación de un grupo representativo capaz de reflejar la situación de la mujer peruana al término de la dictadura militar (1968-1980) y el inicio del periodo de violencia que vivió el país hasta fines de los años noventa. En paralelo con la relevancia sociológica de los resultados obtenidos y su consecuente impacto a nivel político al insertar en el ámbito público discusiones sobre temas hasta entonces silenciados –principalmente relacionados con la sexualidad y en particular sobre el aborto–, la traducción de datos estadísticos al lenguaje del arte conceptual colocaría a esta propuesta interdisciplinaria inusualmente rigurosa, en contracorriente del grueso de la plástica peruana –aún dominada por el nacionalismo y un modernismo tardío.

Teresa Burga planteaba desde entonces que la obra de arte debía centrar su preocupación principal en la información y los procesos derivados de ella, resultando en “obras abiertas” con intenciones no permanentes ni absolutas. La artista –mejor entendida como proponente– debía procurar mantenerse en una posición neutral con respecto a la elección de la posible solución formal de la propuesta –que ella planteaba a manera de diagramas, informes y esquemas– derivando en muchos casos su ejecución física a terceros. Para la presentación de Perfil de la mujer peruana en 1981, distintos colaboradores se encargaron de llevar a cabo las soluciones formales de las encuestas incluyendo la elaboración de un quipu que registraba los datos del perfil profesional; maniquíes que confrontaban la imagen femenina estándar versus la antropometría promedio de la mujer peruana; así como  vídeos, registros de audio y diapositivas.

El boceto para la escultura ahora presentada en la SAPS –esquematización de los órganos reproductores femeninos que se convirtió en la imagen representativa del proyecto– nunca llegó a realizarse como objeto porque en su momento la artista no logró encontrar una solución técnica para la obra. De ahí la inscripción que aparece en el boceto: Proyecto no realizable. Escala 1/x, con la cual Teresa dejaba en una situación ambigua la posibilidad de su realización.

Es así que en el marco de una serie de proyectos de investigación encaminados a la recuperación de figuras históricas latinoamericanas, retomamos los planteamientos no-objetuales de Teresa, paradójicamente produciendo un objeto. Ello nos permite revisitar y poner al día una propuesta anclada al contexto histórico y social del cual emerge al tiempo de revalorar las estrategias de uso y despliegue de la información dentro de la práctica artística contemporánea.

 

Fritzia Irizar

Obliteraciones (1939-2014)

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A través de su práctica, Fritzia Irizar (Culiacán, México, 1977) genera estrategias para la participación de distintos públicos con el fin de incitar el intercambio de valores simbólicos entre lo económico, lo psicológico, lo mítico y los deseos que los entrelazan. Esta exposición reúne siete piezas realizadas entre 2002 y 2012, todas vinculadas con mecanismos de obstrucción, cancelación o desaparición de información en la práctica artística. Mediante la reconstrucción en maquetas de los espacios donde originalmente se emplazaron estas acciones, acompañadas de documentos alusivos a cada obra, se presenta una serie de situaciones no replicables como experiencias, pero sí como posibilidades de análisis.

Al contraponer escalas de valores de distinto orden –por ejemplo, el valor de uso de un bloque de sal enfrentado al valor de cambio que adquiere al insertarse en el mercado del arte– Irizar subraya la fragilidad de los acuerdos sociales que los sostienen. A través de una serie de alusiones a los mecanismos del sistema del arte, algunas de estas piezas abordan los procesos por medio de los cuales se establecen valoraciones que un público, cada vez más alienado, termina consumiendo intelectual o mercantilmente. Se revela así el funcionamiento de una red simbólica que mantiene en pie toda una infraestructura cultural para el consumo de unos cuantos.

Por otra parte, y en contraste con estas últimas obras, Irizar hace también uso de elementos con un valor de cambio aparentemente absoluto. Por ejemplo, una caja fuerte con dinero en efectivo es colocada en la vía pública ofreciendo a los transeúntes la posibilidad de resolver una ecuación matemática para obtener su combinación; o bien, hacerse de ella por la fuerza. En una de sus acciones más elocuentes, Irizar recolectó muestras de cabello de indígenas tarahumaras, mismas que fueron sometidas a un estudio para determinar su contenido de carbono, revelando a su vez las carencias nutricionales de esta comunidad históricamente aquejada por la marginación y la pobreza extrema. Posteriormente se produjo un diamante a través de un proceso industrial que permite la elaboración personalizada de estas joyas a partir de moléculas de carbono. La pequeña piedra resultante condensa tanto los caprichos y extravagancias de las clases adineradas de la sociedad capitalista, como el historial de carencias de una cultura en constante riesgo de desaparición.

La puesta en juego de los distintos sistemas de valores representados en esta exposición, así como en buena parte del trabajo de Irizar, propone una guía crítica para la comprensión de aquellas fuerzas inasibles que mueven la cotidianeidad contemporánea.

 

Visita: www.saps-latallera.org

 

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