EL LIBRO DE LOS DÍAS, UN ACERCAMIENTO A LA PRODUCCIÓN DE DAVID GREMARD ROMERO

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Hemos tenido la oportunidad de charlar con el artista visual David Gremard Romero sobre su producción más «reciente» y digo reciente entre comillas porque él le ha dedicado varios años a la serie que aquí presentamos.

David se asume como un artista chicano y durante su infancia viviendo en San Francisco todos sus amigos eran norteamericanos, ninguno hablaba español, entonces en el  interés por aprender su idioma natal buscó personas con quien comunicarse, para su fortuna a un par de calles de su domicilio un grupo de danzantes del centro de México practicaban sus danzas y así empezó a convivir con ellos, aprendió el español y otras cosas valiosas que le fascinaron, relacionadas a su actual producción. La cosmovisión prehispánica se le presentó como posibilidad y su respuesta ha sido retomar el trabajo del tlacuilo, el que dibuja dioses, el que escribe pintando, algo así insinúa al decirnos que parte de lo que intenta hacer es algo que ya no existe y para que exista alguien tiene que hacerlo, comprometido con la forma y su correspondencia simbólica.

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Claro ejemplo lo veo en la representación de «Los dioses de las cinco direcciones del mundo», el cual corresponde tal cual en la descripción que hace Joseph Campbell en la Imagen del Mito (2012:225) del arte Azteca prehispánico:

              «Las direcciones son el este (arriba), el norte (izquierda), el oeste (abajo) y el sur (derecha). Los pájaros que están en los árboles son, respectivamente, un quetzal, un águila, un colibrí, y un loro; los árboles son de color azul turquesa, azul, blanco y mitad azul, mitad blanco. Los objetos que hay bajo los árboles son un disco solar, un cuenco con ofrendas, un ser mítico que representa al dios del pulque y el símbolo de las fauces abiertas de la tierra. El dios situado en el centro es Xiuhtecuhtli, el viejo señor del dios del fuego, el mismo que se ve en el cinturón de la diosa del mundo Cuatlicue. En la mano derecha tiene sus lanzas y en la izquierda la vara de lanzamientos; su cuerpo despide llamas.

              De las esquinas salen alimentos y plantas medicinales, con pájaros encima que llevan en su cuerpo el signo de los días: arriba a la izquierda, caña; abajo a la izquierda, pedernal; abajo a la derecha, casa; y arriba a la derecha, lagarto. A la izquierda de cada uno de los artefactos que hay en las esquinas están los signos de los cinco días asociados a los respectivos puntos cardinales. Empezando en el extremo superior izquierdo y leyendo cada secuencia de abajo a arriba: al este, cocodrilo, caña, serpiente, movimiento, agua: al norte, jaguar, muerte, pedernal, perro, viento; al oeste, ciervo, lluvia, mono, casa, águila; y al sur, flor, hierba, lagarto, buitre, conejo.

             Es interesante observar que el número de puntos que aparecen en los lados de cada marco del dibujo es doce, y que las posiciones de las manos de las ocho deidades situadas ante los cuatro arboles son las conocidas en la India como <<disipadora del miedo>> (abhaya-mudra) y <<otorgar bendiciones>> (varada-mudra)»

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En esta reinterpretación de la iconografía de las culturas mesoamericanas nos comenta que no siempre es fácil acceder a los significados más reales y remotos, o concretos e históricos, pero siguiendo prácticas tradicionales como la ingestión de  Ayahuasca  que significa «Soga de muerto» que dice, deja salir el espíritu de nuestro cuerpo sin morir, en este viaje se le revelan ciertos significados de algunos glifos y sus relaciones, que no pueden tener una traducción sencilla ni única.

       El códice Borgia, que es un Tonalamatl, es el principal referente del artista. Ha estudiado de manera autodidacta estas representaciones de la vida prehispánica y nos comenta que al igual que antes, su Tonalamatl es una metáfora de la vida actual, escribir con pintura es una forma de hacer poesía, nos explica que la palabra significa «libro de los días», un manuscrito de contenido ritual y adivinatorio como el I-Ching o el Tarot. Los principales personajes que notamos en este trabajo son Tezcatlipocas que según Paul Westheim  representan al Dios de la Fatalidad; Tlazoltéotl la Diosa de la Inmundicia, del pecado pero también de la liberación; Mictlantecuhtli el Señor de la Muerte y no puede faltar Quetzalcoatl, entre otros, que ubicados a lo largo de todo el Tonalamatl representan una metáfora de la contemporaneidad, si viviéramos en los días antiguos nuestra vida sería regida por el día en que nacemos y su correspondencia con el Tonalamatl; lo que este designa para la vida, ya sea que fueras un guerrero, un sacerdote o un pintor. Desde mi perspectiva me parece una recuperación bastante acertada si tomamos las referencias que nos da Eloy Fernández Porta sobre el  Ur-Pop que es  el levantamiento de acta de la emergencia inesperada de figuras, valores o emociones primitivos en un espacio ultramoderno, es así cómo David nos proporciona refrescarnos de lo que ya no existe como poética accesible, buscando la divulgación de estos conocimientos actualmente relegados, subordinados, pero insurgentes.

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Su producción es una  inserta en un tiempo ultramoderno, educado desde el catolicismo como muchos mexicanos, concordamos en que seguimos bajo la influencia de esa percepción del tiempo lineal, del calendario Gregoriano y su año cero marcado por Cristo. Hay pautas que nos marcan día a día esta transición, cosas bien tangibles y profanas como pagar la renta, comprar lo que comeremos, si nos enfermamos obtener medicamentos, pero sobre todo la llegada obligatoria de la muerte. Nuestra sociedad occidental contemporánea, marcándonos un inicio y un fin, una progresión de eventos en “evolución” no nos permite empaparnos del entendimiento o la ubicación en un tiempo cíclico como se ha entendido en ciertos grupos que prevalecen desde la antigüedad y queda postergado para un plano puramente concebido como espiritual.

Para explicarme a mí mismo esta noción perdida, recuerdo lo que alguna vez me contó una amiga: Que incluso teniendo que atender su empleo y la atención que requería su hijo, generaba dinámicas para practicar lo que le apasionaba; Hacer Arte. Entre estas dinámicas resolvió poner un par de cubetas con tinta junto a la puerta de entrada a su casa, al igual que un par de pliegos de papel de algodón, interviniéndolos solo con la palma de su mano mojada en tinta, durante un tiempo prolongado el papel fue tomando la forma de su mano, es así como nos explica que para hacer esto del arte hay que darse el tiempo, buscar ese tiempo. Paradójicamente también  me dijo que este tipo de cosas se dan naturalmente.  El que no es un artista, aunque quiera serlo no podrá, es decir, entender que el producir arte es como un don, un don para producir cierto tipo de cosas valiosas e importantes y no por ello malinterpretarse a sí mismo pensándose glorificado por su tarea.

Sus imágenes son trabajadas en su mayoría con tinta china, plumones, carbón pastel, acrílicos y tela sobre papel. A principios del año estuvo trabajando en el vestuario para una ópera con tema azteca, que se presentó en Abril en la Ciudad de México. Sin duda un artista que seguir valorar

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+info: www.gremardromero.com

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